El eco de grandes terremotos ha permitido explorar una frontera que está a 660 kilómetros bajo tierra y es una de las regiones más desconocidas del planeta.

En los libros de texto, el interior de la Tierra está dividido en tres capas —corteza, manto y núcleo— cuyos límites son lisos y perfectos como la superficie de una esfera.
Ahora, sismólogos de EE UU y China han analizado datos de 13 terremotos de gran magnitud y desvelan que la realidad es bastante diferente a la aprendida en el colegio.

Las ondas sísmicas de los temblores más potentes atraviesan el interior de la Tierra, rebotan en la corteza terrestre al otro lado del globo y regresan de nuevo a la zona del epicentro, donde son registradas por decenas de sismómetros.
Si los límites entre las capas terrestres fueran lisos, las señales rebotadas llegarían más o menos al mismo tiempo.
Pero hasta ahora los sismómetros han mostrado importantes irregularidades exactamente a 660 kilómetros de profundidad, en la frontera entre el manto superior e inferior.
Hasta ahora, esa frontera solo se había podido estudiar a escalas de cientos o miles de kilómetros.
Ahora, por primera vez, se ha conseguido topografiar esta frontera a escalas de unos 10 kilómetros.

Fuente: El País >> lea el artículo original