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Se supone que una de las mayores unidades de confianza es la relación entre padres e hijos.
Pues, poneros a temblar porque esa relación ahora podría tener contrato.

Vale, los hijos mentimos un poquito a los padres y los padres son muy pesados con aquello de “vuelve pronto” o “come bien”, pero durante años ha ocurrido eso y no pasaba NA-DA.
Había un acuerdo implícito que te daba la confianza de saber, que por muy parda que la liaras, el amor familiar iba a triunfar.

Pero entonces ¡boom! Vienen los de Labe Abogados, expertos en unidades familiares y deciden crear un contrato entre padres e hijos. Según sus propias palabras “hará las delicias de los progenitores amantes del orden y la responsabilidad” lo que no deja muy bien parados a los jóvenes deseosos de una vida “libre”.

Este contrato es apto para niños de 7 a 17 años y define pautas de convivencia en las que se restringe el uso del móvil en determinados horarios, se obliga al consumo de frutas y verduras y dependiendo de la edad algunas rutinas saludables.

Por ejemplo para los más peques se marca la hora de irse a la cama, los momentos de ducha y cepillado de dientes. Para los más creciditos, se les compromete a hacer deporte y por supuesto a evitar las noches de fiesta y perdición entre copichuelas o sustancias psicotrópicas.

Afortunadamente a muchos de nosotros, la edad nos libra de ser víctimas de este contrato.
Creo que enseñar límites, fomentar valores de convivencia y procurar la salud, está bien. Pero definitivamente, la relación entre padres e hijos no debería estar sometida a un contrato. ¿No será que estamos evitando dedicar tiempo real a educar?

A este paso, voy a empezar a pedir que preparen un contrato entre mi gato y yo, porque últimamente lo veo dando malos pasos.

Fuente: Noddus Trends >> lea el artículo original