La cumbre de ministros de Finanzas y banqueros centrales dejó dos victorias al Gobierno. La primera: plasmó en Buenos Aires el apoyo de la comunidad internacional a la política económica acordada con el FMI en medio de la crisis cambiaria. La segunda: mostró al país, presidente del G20, como mediador ante las crecientes tensiones comerciales entre Estados Unidos, China y Europa.

Macri'>Mauricio Macri, Nicolás Dujovne y Luis Caputo mantuvieron decenas de reuniones bilaterales. Macri se entrevistó con Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, y con Bruno Le Maire, ministro de Finanzas de Francia, entre otros. Caputo se fotografió con el presidente de la Fed, Jerome Powell, con el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y con sus pares de Inglaterra y Brasil. Todos transmitieron mensajes de apoyo.

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'Hablamos de que estamos muy a favor de los planes económicos y de las políticas económicas (acordadas) con el FMI, dijo Mnuchin en conferencia de prensa.

Según Caputo y Dujovne, otros ministros y banqueros centrales transmitieron un mensaje similar.

'El apoyo hacia la Argentina es fenomenal, tanto desde los ministros como desde los presidentes de bancos centrales', dijo Caputo en conferencia de prensa -la primera que brinda como presidente del Banco Central. 'Tuve la oportunidad de tener bilaterales con el presidente de la Fed, del Banco Central Europeo, del Banco Central de Brasil y del Banco de Inglaterra. Tuve realmente excelente diálogo con todos, muy buenas charlas en lo que respecta a la coyuntura del mundo, cuáles son las perspectivas de sus países y continentes, cosas que nos sirven para nutrirnos, y un apoyo absolutamente total', agregó.

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La comunidad internacional ve a Macri como un aliado en una región convulsionada por la crisis de Venezuela y la incierta elección presidencial de Brasil. De ahí que no sorprenda la celeridad con la que los países gatillaron un rápido acuerdo entre el país y el FMI y respaldaran luego con declaraciones la nueva política económica del Gobierno, con el ajuste fiscal y el control de la inflación como prioridades principales, aun a costa del impulso a la actividad económica.

Ese apoyo llega en momentos en que la imagen de Macri cae en las encuestas y el descontento por las medidas económicas se hace notar, con la inflación y el desempleo como preocupaciones principales en cualquier medición de expectativas.

Consenso frágil

En la agenda global, la presidencia argentina del G20 logró sortear otra parada difícil, con dardos cruzados entre Estados Unidos -por un lado- y China y Europa -por otro-.

El comunicado del G20 reconoce los riesgos de 'las crecientes vulnerabilidades financieras, el aumento de las tensiones comerciales y geopolíticas, los desbalances globales, la desigualdad y el crecimiento estructuralmente débil'. Y menciona la necesidad de 'intensificar el diálogo' para solucionar los diferendos. Hubiera sido raro esperar otra cosa, en un ambiente en el que mandan los mensajes protocolares. Pero el Ejecutivo pudo mostrarse como mediador entre las potencias del mundo.

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'Sobre comercio, tuvimos un diálogo muy constructivo', dijo Dujovne en la conferencia de prensa que cerró el evento. 'El diálogo que logramos en Buenos Aires fue un gran paso para la construcción de un consenso global', agregó, quizás con algo de exageración.

Se trata de un consenso frágil, claro. Las reuniones bilaterales entre todas las delegaciones se multiplicaron. Solo Mnuchin consignó catorce encuentros con sus pares. El estadounidense habló una y otra vez de los desequilibrios de la balanza comercial de Estados Unidos y China, que llevaron a Donald Trump a imponer aranceles por cifras siderales.

Mnuchin manifestó que está dispuesto a firmar acuerdos de libre comercio con Europa y Japón, con lo que aislaría a China. Pero el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, dijo que no avanzarán si Trump no remueve barreras comerciales con la Unión Europea.

“Nos negamos a negociar con un arma apuntando a nuestra cabeza”, dijo Le Maire en un encuentro con periodistas. Es que Trump elevó aranceles a la importación de acero y aluminio y amenaza con subir los impuestos a los automóviles.

Las tensiones comerciales no cedieron ni al cortejo del tango con el que Mora Godoy agasajó a los asistentes, el sábado por la noche. Pero, al menos, el inicio de la guerra comercial no se firmó en Buenos Aires.

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