Hace tiempo que el problema demográfico de Japón (el país más 'viejo' del mundo) es motivo de seria preocupación para sus autoridades.
Y si bien revertir las bajas tasas de natalidad es una tarea primordial para el país, está probando ser una empresa ardua.
Parte de esa dificultad se debe a un dato que investigadores sobre el tema conocían desde hace mucho, pero que no parecía hacer mella en las políticas que el Estado aplicaba para intentar revertir la tendencia.
En resumidas cuentas, que el problema no pasaba (solamente) por ofrecerle a las mujeres que trabajaban mayores comodidades para ser madres, sino por hacer que los hombre cumplieran con una mayor carga de responsabilidades en el hogar

Este reajuste de funciones, un cambio radical respecto a la forma en que históricamente se ha percibido la crianza de los hijos en Japón, se ha convertido en los últimos años en un objetivo central del gobierno japonés.
Es dentro de este panorama que han aparecido los 'amos de casa', hombres que deciden quedarse en el hogar y hacerse cargo de los hijos, una postal que hubiera sido considerada insólita hace apenas 20 años. 

Un paisaje social diferente

Ver a hombres cargando bebés y haciendo las compras es una imagen cada vez menos extravagante en Japón.
Además de la cuestión económica, un obstáculo principal para este tipo de cambios históricamente había sido la cómo las mujeres percibían a este tipo de hombres.
Quienes efectivamente elegían quedarse en casa y dejar su carrera eran llamados 'comedores de vegetales' (en oposición a las mujeres que pisaban fuerte en los ámbitos laborales, que fueron bautizadas en su momento como 'comedoras de carne'). 

Según la profesora Masako Ishii-Kuntz, una especialista en paternidad de la universidad de Ochanomizu, hasta hace pocos años, sus estudiantes eran renuentes a considerar a hombres que no deseaban trabajar como potenciales compañeros.
'Me comentaban cosas, como 'no sé, esos hombres me parecen medio raros'.
Pero últimamente noto que cuando les pregunto qué piensan de ellos, la mitad parece abierta a la posibilidad de conocer a un hombre así', declaró en nota dedicada al tema en la revista Post Magazine. 

Rectificar enfoques errados

Por mucho tiempo, los gobernantes japoneses operaron bajo la premisa de que el problema era la carga laboral de las mujeres.
Enviaron especialistas a Finlandia y Suecia para que estudiaran las mejores políticas para implementar a la hora de lidiar con la maternidad.
Pero a pesar de esto, la tasa de natalidad no subía.

Para Ishii-Kuntz, que estudia la cuestión de la paternidad desde hace 20 años, era claro donde estaba el error.
Según sus investigaciones, el hombre japonés le dedica una hora por semana en promedio a las tareas domésticas, mientras que la mujer invierte entre 30 y 40.
Este desajuste en las responsabilidades era una razón fundamental por el cual las mujeres no deseaban ser madres. 

Según Ishii-Kuntz, el problema no pasa por decir 'estos hombres vagos que no quieren ayudar tienen que cambiar', ya que a esta situación hay que sumarle un factor adicional, que es la cultura laboral en Japón.
Según un sondeo hecho en 2008 por el ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, hasta un tercio de los hombre japoneses deseaban tomarse tiempo para la paternidad y dedicarle más tiempo a sus hijos, pero temían que sus jefes no se tomaran este deseo a bien.  

Es frente a este panorama que el gobierno japonés decidió intervenir.
En 2008 lanzó el Proyecto Ikumen, el cual buscaba hacer que las empresas fueran más amigables, y ofrecieran más alternativas, a los hombres que deseaban no trabajar tanto y pasar más tiempo con sus hijos. 

Cambio lento y progresivo

Si bien la situación de a poco parece ir cambiando, todavía resta mucho camino por recorrer.
Muchas mujeres jóvenes que trabajan, y comparten con sus maridos las tareas domésticas, se enfrentan a una intensa presión social (y familiar).
Las generaciones mayores, en la mayoría de los casos abuelos y abuelas que se criaron en otra situación, lamentan que sus nietos 'se críen sin la madre'. 

De la misma manera, jefes y encargados laborales también son un segmento al que le costará adaptarse, debido a los cambios que significa para las dinámicas laborales. 

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original